Trauma and body: why talk therapy isn't enough | Dynamis
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Psicología Integrativa

Trauma y cuerpo: por qué hablar no siempre sana | Dynamis

Lic. Patricio Espinoza, MBA.Lic. Patricio Espinoza, MBA.
14 min de lectura

Has ido a terapia. Has hablado. Has entendido. Puedes explicar tu infancia con lucidez, nombrar tus patrones con precisión clínica, identificar el origen exacto de tus heridas. Tu terapeuta asiente. Tú asientes. Todo tiene sentido.

Y sin embargo, algo sigue atorado.

El entendimiento está ahí pero el cuerpo no se enteró. Sigues con el nudo en el estómago cada vez que suena el teléfono de cierta manera. La tensión en los hombros que no se va ni con masajes. La reactividad que se dispara antes de que puedas pensar, esa respuesta automática que te deja preguntándote por qué sigues reaccionando así si ya "trabajaste" ese tema.

Hay una razón por la que el insight verbal no siempre se traduce en cambio. Y no es falta de voluntad ni de terapia. Es que el trauma no vive solo en la mente. Vive en el cuerpo. Y lo que vive en el cuerpo necesita ser sanado en el cuerpo.

El cuerpo lleva la cuenta

Bessel van der Kolk lo dijo con una claridad que transformó el campo de la traumatología: el cuerpo lleva la cuenta. Su libro con ese título, publicado en 2014 después de tres décadas de investigación en Harvard y la Trauma Research Foundation, cambió la forma en que entendemos qué es el trauma y, más importante, qué se necesita para sanarlo.

La memoria que no se narra: Van der Kolk demostró que el trauma se almacena en dos sistemas de memoria distintos. Uno es la memoria explícita: la narrativa, lo que puedes contar en terapia, la historia con secuencia y contexto. El otro es la memoria implícita: patrones de tensión muscular, respuestas autonómicas, posturas de protección, reactividad del sistema nervioso que se activa antes de que la corteza prefrontal pueda intervenir (van der Kolk, 2014). La terapia verbal trabaja con la memoria explícita. Pero el cuerpo guarda la implícita. Y la implícita no necesita tu permiso para activarse: lo hace cada vez que algo en tu entorno se parece, aunque sea remotamente, a la situación original.

Hay una distinción que cambia todo el enfoque de sanación: el trauma no es lo que te pasó. Es lo que quedó atrapado en tu sistema nervioso como resultado de lo que te pasó. Dos personas pueden vivir el mismo evento y una desarrollar trauma mientras la otra no. La diferencia no está en el evento sino en lo que el cuerpo pudo o no pudo completar en respuesta. Lo que quedó congelado. Lo que no tuvo salida.

Las tradiciones de sanación indígenas siempre trabajaron con el cuerpo. Las limpias mesoamericanas, los masajes rituales, las danzas ceremoniales, el uso del sonido y la vibración sobre zonas específicas del cuerpo: todo esto era trabajo somático antes de que existiera el término. No era superstición. Era una comprensión intuitiva y milenaria de que el sufrimiento se aloja en el tejido tanto como en la historia.

Por qué hablar no siempre alcanza

Quiero ser claro: la terapia verbal no es inútil. Es valiosa, necesaria, y ha ayudado a millones de personas. Pero tiene límites neurológicos concretos que es importante comprender para no confundir entendimiento con sanación.

La Teoría Polivagal: Stephen Porges, neurocientífico de la Universidad de Indiana, revolucionó nuestra comprensión del sistema nervioso autónomo con su Teoría Polivagal. Según Porges, nuestro sistema nervioso opera en tres estados fundamentales: el ventral vagal (seguridad, conexión social, la capacidad de estar presente y en relación), el simpático (activación, lucha o huida, la respuesta ante la amenaza percibida), y el dorsal vagal (colapso, disociación, el apagón cuando la amenaza es abrumadora). El trauma crónico deja al sistema nervioso atrapado en modo simpático o dorsal. Y desde esos estados, la corteza prefrontal, que es donde ocurre el habla, el análisis y el insight verbal, tiene acceso limitado (Porges, 2011). No puedes "hablar" tu camino fuera de un estado que opera por debajo del lenguaje.

Este es el momento que cualquier terapeuta honesto reconoce: cuando alguien en tu consultorio puede explicar perfectamente su patrón pero sigue reaccionando exactamente igual. Puede articular con elocuencia por qué se cierra emocionalmente, puede identificar que viene de su infancia, puede incluso predecir cuándo va a suceder. Y aun así sucede. Eso no es falta de voluntad ni resistencia. Es que el insight verbal no llegó al sistema nervioso. La comprensión vive en la corteza. El patrón vive en el tronco cerebral.

La sanación integrativa no descarta la palabra. La complementa. En Dynamis trabajamos con la comprensión cognitiva y con el cuerpo que la necesita encarnar. Psicología profunda para entender el patrón. Trabajo somático para encontrarlo en el cuerpo. Ceremonia para darle espacio de expresión y liberación. Naturaleza para regular el sistema nervioso. No es una modalidad contra la otra. Es un tejido donde cada herramienta alcanza donde las otras no pueden.

Dónde vive el trauma en tu cuerpo

El trauma somático no es abstracto. Es localizable. Si prestas atención, puedes empezar a sentir dónde vive el tuyo.

La mandíbula que aprietas de noche y a veces de día: ahí vive la rabia contenida, las palabras que no dijiste, los gritos que tragaste. Los hombros que cargan una tensión crónica que ningún masaje resuelve de verdad: responsabilidad excesiva, hipervigilancia, el hábito de estar siempre alerta. El pecho que se cierra, que respira superficial, que protege un corazón que aprendió que abrirse era peligroso: duelo no procesado, pérdidas que no tuvieron espacio. El estómago contraído, el nudo permanente que los exámenes médicos no explican: miedo crónico, ansiedad anticipatoria, algo que tu cuerpo sabe antes que tu mente. La garganta que se aprieta cuando necesitas hablar: expresión reprimida, la voz que aprendió que era más seguro callarse.

La descarga incompleta: Peter Levine, creador de Somatic Experiencing y autor de Waking the Tiger, observó algo revelador en la naturaleza: los animales salvajes experimentan amenazas constantes pero rara vez desarrollan trauma. La diferencia es que después de cada evento amenazante, su cuerpo completa el ciclo de estrés a través de temblores, sacudidas y movimiento espontáneo, una descarga natural de la energía de supervivencia. Los humanos, por condicionamiento social, inhibimos esas descargas. "No llores." "Cálmate." "No hagas escena." Y el trauma queda congelado en el tejido, esperando una oportunidad de completarse (Levine, 1997). La sanación somática trabaja precisamente con esa descarga incompleta.

Esto conecta directamente con algo que exploramos en otro artículo: cada tipo de Enneagrama tiende a almacenar tensión en zonas específicas del cuerpo. El tipo 1 en la mandíbula y la espalda. El tipo 2 en el pecho y los brazos. El tipo 5 en el plexo solar. No es casualidad. Es la armadura caracteriológica que Wilhelm Reich describió hace décadas, mapeada con la precisión del Enneagrama. Saber dónde buscar es el primer paso para liberar lo que encontramos.

El camino de vuelta al cuerpo

Si el trauma vive en el cuerpo, la sanación necesita incluir al cuerpo. No como complemento opcional sino como territorio central del trabajo. La buena noticia es que hay múltiples caminos de entrada, respaldados por investigación, y no todos requieren revivir el dolor.

El breathwork, la respiración consciente, es quizás el camino más directo. La respiración es el único proceso fisiológico que es simultáneamente voluntario e involuntario: puedes controlarla conscientemente, pero afecta directamente al sistema nervioso autónomo. Es el puente entre lo consciente y lo inconsciente. Patrones específicos de respiración pueden activar el tono vagal, sacar al sistema nervioso de su estado de alerta crónica, y permitir que emerjan emociones y memorias corporales que estaban bloqueadas.

El trabajo corporal incluye un espectro amplio: desde la terapia de movimiento hasta prácticas de liberación miofascial, desde el toque terapéutico informado en trauma hasta el TRE (ejercicios de liberación de tensión y trauma) que activan el temblor neurogénico natural que nuestro condicionamiento social inhibió. Cada una de estas modalidades trabaja con la memoria implícita del cuerpo de maneras que la palabra no puede.

La ceremonia funciona como trabajo somático profundo. En el contexto ceremonial, el cuerpo tiene permiso para expresar lo que en la vida cotidiana reprime. Llorar sin explicar por qué. Temblar sin controlarlo. Moverse sin coreografía. Hacer sonidos sin palabras. Todo esto es descarga somática, la completación de ciclos que quedaron congelados, en un espacio donde alguien te sostiene profesionalmente mientras tu cuerpo hace lo que necesita hacer.

Y la naturaleza no es fondo estético: es regulador del sistema nervioso. La investigación en ecopsicología muestra que la inmersión en entornos naturales activa el tono vagal y facilita la transición hacia el estado ventral vagal, el de seguridad y conexión, que es exactamente donde necesitas estar para que la sanación somática pueda ocurrir.

En Dynamis, la sanación somática no es una sesión aislada. Es un tejido que atraviesa todo el proceso. Las sesiones de psicología profunda incluyen atención constante al cuerpo. El breathwork es parte integral del trabajo. La ceremonia en La Maloca trabaja directamente con la memoria corporal. Y los 7 acres de bosque seco tropical de Guanacaste son el espacio donde tu sistema nervioso puede finalmente encontrar la seguridad necesaria para soltar lo que ha cargado.

Volver a habitar tu cuerpo

La meta del trabajo somático del trauma no es solo "procesar" lo que pasó. Es algo más fundamental: volver a sentir que tu cuerpo es un lugar seguro para vivir.

Muchas personas que han vivido trauma operan en un estado crónico de disociación sutil. No es que "no sientan". Es que aprendieron, probablemente muy temprano, que no sentir era más seguro que sentir. El cuerpo se convirtió en territorio enemigo, fuente de dolor, de vulnerabilidad, de sensaciones que amenazaban con desbordarlo todo. Desconectarse fue una estrategia de supervivencia brillante. Pero lo que te protegió entonces ahora te mantiene aislado de tu propia experiencia.

El trabajo somático no te obliga a sentir. Te acompaña, con profesionalismo y con cuidado, para que sentir vuelva a ser seguro. No se trata de abrir compuertas ni de revivir el dolor. Se trata de enseñarle a tu sistema nervioso, gradualmente, que puede sentir sin desmoronarse. Que puede vibrar sin romperse. Que puede abrirse sin ser destruido.

Viktor Frankl decía que el sufrimiento sin sentido es insoportable, pero el sufrimiento con sentido puede ser transformador. El trabajo somático del trauma no busca eliminar el dolor. Busca completar lo que quedó incompleto para que la energía atrapada pueda fluir de nuevo. No se trata de olvidar lo que pasó. Se trata de que lo que pasó deje de vivir en tu cuerpo como si todavía estuviera pasando.

Si has ido a terapia y sientes que "algo falta", no es que la terapia haya fallado. Es que hay dimensiones del trauma que la palabra no alcanza. Tu cuerpo lleva la cuenta. Y tu cuerpo necesita ser parte del proceso. El cuerpo no es un obstáculo para la sanación. Es el territorio donde la sanación sucede.

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Preguntas frecuentes

¿Necesito tener un diagnóstico de trauma para beneficiarme del trabajo somático?

No. El trabajo somático beneficia a cualquier persona que sienta tensión crónica, desconexión de su cuerpo, reactividad emocional o la sensación de que "algo falta" en su proceso terapéutico. No necesitas una etiqueta diagnóstica para reconocer que tu cuerpo guarda cosas que tu mente ha intentado procesar sin éxito. Muchas personas descubren durante el trabajo somático que cargan más de lo que sabían conscientemente.

¿El trabajo corporal puede ser retraumatizante?

Puede serlo si no se realiza con formación adecuada y marco profesional. Por eso en Dynamis el trabajo somático está sostenido por psicólogos clínicos con formación en trauma. El enfoque no es "abrir compuertas" sino crear las condiciones de seguridad para que el sistema nervioso pueda procesar gradualmente. Trabajamos con el principio de titulación: pequeñas dosis de activación seguidas de regulación, respetando siempre el ritmo de tu sistema nervioso.

¿Qué tipo de trabajo somático ofrecen en Dynamis?

Integramos múltiples modalidades según las necesidades de cada persona: breathwork (respiración consciente), trabajo corporal informado en trauma, prácticas de regulación del sistema nervioso, movimiento libre, y trabajo ceremonial con componente somático. Todo dentro de un marco de psicología integrativa que incluye también Enneagrama, logoterapia y ecopsicología. No aplicamos una sola técnica: tejemos un enfoque personalizado.

¿Puedo combinar el trabajo somático con mi terapia actual?

Sí, y de hecho lo recomendamos. El trabajo somático no reemplaza la terapia verbal; la complementa. Muchas personas encuentran que después de una experiencia de retiro integrativo, su proceso terapéutico habitual se profundiza significativamente porque ahora tienen acceso a material que antes estaba bloqueado en el cuerpo. Te sugerimos comunicar a tu terapeuta que estás explorando este camino.

¿El breathwork es seguro para todos?

El breathwork es generalmente seguro, pero existen contraindicaciones para ciertas condiciones: embarazo, epilepsia, condiciones cardiovasculares severas, y algunos trastornos psiquiátricos no estabilizados. Por eso la evaluación previa es parte esencial de nuestro proceso. Si hay alguna contraindicación, te orientamos hacia otras modalidades de trabajo somático que sí sean apropiadas para ti.

Referencias:

Levine, P. A. (1997). Waking the Tiger: Healing Trauma. Berkeley, CA: North Atlantic Books.

Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation. New York: W. W. Norton.

van der Kolk, B. A. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. New York: Viking.

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Lic. Patricio Espinoza, MBA.